La carta,
pegada en la mesa
Una pegatina en cada mesa. El cliente acerca el móvil y sale tu carta. Sin cámara, sin enfocar, sin descargar nada. Y cuando subes un precio lo cambias tú desde el móvil: no hay que reimprimir nada, porque no hay nada impreso.
La pegatina lleva el chip dentro y el código impreso encima: si el móvil no tiene antena o la lleva apagada, la cámara sirve igual. Nadie se queda fuera.
Cuatro pasos
Me pasas la carta como la tengas
Un papel, una foto, un PDF viejo. Yo la paso al sistema con sus precios, sus alérgenos y sus categorías.
Haces las fotos con tu móvil
Con luz de día y sin filtros. Fotos reales de tus propios platos para que el cliente vea lo que sirves.
Pego una pegatina en cada mesa
Cada una lleva su número dentro. Cuando alguien la usa desde la mesa 7, el botón de WhatsApp le sale ya escrito con «estoy en la mesa 7». Un código fotocopiado no puede hacer eso.
A partir de ahí, la manejas tú
Entras desde el móvil, cambias un precio y cambia en todas las mesas a la vez. Cartas de temporada sin tirar las viejas a la basura.
Ese enlace es el de una mesa real: fíjate en la barra de arriba y en el botón de abajo.
Una carta,
dos puertas
Lo que se abre al acercar el móvil es tu web. La misma que sale en Google cuando alguien te busca desde casa, y la misma que enseñas en tus redes. No son dos productos: es uno con dos puertas, una en el bolsillo del cliente y otra en la mesa.
Por eso sale más barato hacerlo junto que por separado, y por eso el precio de las pegatinas es tan bajo: el trabajo gordo ya está hecho cuando tienes la web.